La atención y los estudios. 5 consideraciones.

La atención y los estudios 5 consideraciones.

La atención y los estudios. 5 consideraciones.

La atención y los estudios. 5 consideraciones.

La atención y los estudios, ¿Qué relación hay entre ambas? Según el diccionario de Oxford Languages, la atención es la aplicación voluntaria de la actividad mental o de los sentidos a un determinado estímulo u objeto mental o sensible. También se define como la capacidad de la cantidad de tiempo concentrado que una persona puede dedicar a una tarea sin distraerse.

Por otro lado, en relación a la atención y los estudios, la mayoría de los educadores y psicólogos coinciden en que la capacidad de concentrarse y mantener la atención en la tarea del estudio y el aprendizaje, es crítica para el logro de los objetivos personales, en esta caso, el logro de una profesión.

Sin embargo, otro aspecto de la relación entre la atención y los estudios, es que si mantenemos nuestra atención durante largos períodos de tiempo, no podemos hacerlo por mucho rato puesto que el tiempo de atención es cíclico. Si hacemos, pues, breves pausas de descanso cada cierto lapso de tiempo, por ejemplo descansar luego de 25 minutos de concentración, o luego de 40, 45 o 50 minutos, el nivel de rendimiento permanece a un nivel superior óptimo y casi constante.

Los ciclos de la atención. 5 consideraciones.

Expondremos en este punto, 5 consideraciones sobre la atención y los estudios. Estos presentan ciclos bastante definidos en relación a la concentración y al enfocarse en el tema a profundizar, o sea en el proceso de aprendizaje.

  1. La atención y la edad.
  2. La distracción y la deambulación.
  3. El aprendizaje por ciclos.
  4. El horario de Charles Darwin.
  5. Editando nuestro cerebro.

1. La atención y la edad.

Se sabe que la capacidad de mantener la atención sostenida se va incrementando en la medida en que uno crece a través del tiempo.

Por ejemplo, los niños recién nacidos de entre 4 y 12 meses, pueden presentar una atención de entre 3 a 5 minutos. En los niños de 3 años, el tiempo es de entre 6 y 15 minutos. A los 8 años, la capacidad de atención aumenta de entre los 16 hasta los 40 minutos, y a partir de los 10 años o más, el tiempo de concentración se prolonga desde los 20 hasta los 50 minutos.

2. La distracción y la deambulación.

Se sabe que alrededor de un 50% del tiempo que uno se mantiene despierto durante el día, el cerebro, o sea la persona está distraída. No se enfoca en nada concreto en particular. Más bien usa su tiempo en ensoñaciones, fantasías o simplemente va a la deriva en sus pensamiento, sentimientos y emociones.

Al contrario de lo que se podría pensar de que esos momentos son relajantes, algunos estudios han demostrado que si la persona se encuentra en tales estados demasiado tiempo, será menos feliz debido a que se desconecta de la realidad cotidiana. Por tanto, hay que saber administrar estas deambulaciones y distracciones en exceso.

3. El aprendizaje por ciclos.

En relación a este tema, la atención y los estudios, hay investigaciones que indican que la atención sostenida solo se puede mantener durante cortos períodos de tiempo, no mayor a los 15 minutos. Ahora bien, se han encontrado ciclos en nuestro cerebro que son importantes y que tienen una duración de entre 90 y 110 minutos que nos permiten mantener la atención.

Debemos considerar que, para el aprendizaje, o sea para la atención y los estudios, existe también el factor del fortalecimiento de las sinapsis cerebrales. O sea, debemos entrenar a nuestro cerebro para que la concentración se extienda hasta por ciclos de 90 minutos o más.

Los procesos de aprendizaje de nuevos conceptos o habilidades, requieren de un tiempo de procesamiento y adquisición. Por ello, es ideal que al finalizar los ciclos de la atención y los estudios, se tenga que invertir unos minutos sobre reflexionar y pensar sobre lo aprendido, o en descansar para encarar el siguiente ciclo.

4. El horario de Charles Darwin.

Francis Darwin, hijo de Charles Darwin, el gran naturalista inglés autor de «El origen de las especies», nos informó sobre el horario, bastante rígido, pero interesante, de su padre Charles. A continuación algunas de sus diarias costumbres.

Se despertaba a las 7:00 a.m. y daba un pequeño paseo. A las 7:45 desayunaba solo, y 15 minutos más tarde, de 8 a 9:30, trabajaba en su estudio por un período de tiempo de 90 minutos, período que él mismo consideraba el más productivo de todo el día.

Entre las 9:30 y las 10:30, en otro lugar fuera de su estudio, leía sus cartas profesionales y sus cartas familiares. Estas últimas, en voz alta. Desde las 10:30 hasta las 12:00 del mediodía, retornaba a su estudio en donde continuaba trabajando. Entre las 12:00 y las 12:45 p.m., daba otro paseo a solas y visitaba su invernadero.

A las 12:45 p.m. comía con toda la familia y luego leía el The Times y además respondía el correo. A las 3:00 p.m. descansaba en la cama y fumaba un cigarro, mientras su mujer, Emma, le leía una novela.

A las 4:00 p.m. daba otro paseo, en ocasiones acompañado, y a las 4:30 p.m. retornaba a su estudio. A las 6:00 p.m. tomaba otro descanso en cama y su esposa continuaba leyéndole la novela en voz alta. A las 7:30 tomaba un té mientras el resto de su familia cenaba. Si no había invitados, jugaba al backgammon con su esposa, y luego él leía en voz alta algún texto escrito por él mismo. Terminada la lectura, su esposa tocaba el piano. En aquella época no existía la televisión.

A las 10:00 p.m. se iba a la cama. Como tenía problemas para dormir, conciliaba el sueño aproximadamente a las 10:30 p.m.

La intención de exponer el rígido horario de Charles Darwin, no es para que se le imite, sino para aprender, entre otras cosas, el descubrimiento que hizo el mismo Darwin en relación a su trabajo y su productividad: hay que trabajar más cuando eres más productivo. En su caso, en las mañanas. Ese descubrimiento es algo que uno mismo debe ir haciendo.

5. Editando nuestro cerebro.

Aquellos que, intentando abarcar varias actividades a la vez de una manera un poco frenética, o sea emprender tareas múltiples (las tan conocidas multitareas), lo único que logran es llegar a ser malos editores de sus propios cerebros. En ese proceso, por ejemplo, invierten esfuerzo y energía en información irrelevante, no percatándose muchas veces de la información realmente relevante. Además emplean más tiempo en pasar de una actividad a otra, y por tanto sufren. En esta actividad frenética, desperdician su tiempo.

La atención y los estudios. 5 consideraciones.
La atención y los estudios. 5 consideraciones.

En este proceso de ser malos editores, estas personas usualmente dependen de la tecnología creyendo falsamente que serán más eficientes. En realidad, mientras más dependan de las tecnologías, menos habilidades tendrán para enfrentar lo inesperado. Lo que realmente se necesita es más imaginación, más valor para resolver problemas en general, así como más humildad para encararlos, sobre todo en esta época en que la incertidumbre es el común denominador.

Si vamos a aprender algunas cosas nuevas y útiles de lo anteriormente escrito, estas serían fundamentalmente tres. La primera, y que además la ciencia recomienda, es que al igual que el ejemplo de Charles Darwin, debemos organizar nuestro tiempo en horarios productivos.

La siguiente, siguiendo a Darwin, sería que luego de prestar atención y de una intensa concentración en el trabajo, uno debe tomar descansos y saber distraerse, no deambulando, sino mediante distractores productivos que no sean demasiado demandantes.

Y finalmente la última, pero por se último no es menos importante, la necesidad de utilizar nuestras habilidades personales, como la imaginación, la humildad y el valor para encarar los problemas, no solo de los estudios, sino de la vida misma.

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