El estrés y los estudios.

El estrés y los estudios.

El estrés y los estudios. 4 fases y una recomendación.

El estrés y los estudios. 4 fases y una recomendación.

El estrés y los estudios, mal llevados, pueden caminar de la mano o sea vincularse fácilmente si la presión académica es muy intensa, y sobre todo si no se tiene una disciplina y hábitos de estudio. Los estudios mal llevados pueden producir estrés, y si el estrés se prolonga en el tiempo puede conducir a una enfermedad física o psíquica como la depresión.

Los estudios mal llevados pueden conducir al sufrimiento, y eso también tiene el nombre de estrés. El estrés tiene básicamente tres fases: alarma, resistencia y agotamiento. Es usual entre estudiantes que, pasados los exámenes, pruebas y trabajos, se relajan y justamente cuando se relajan se enferman. Es en ese momento que el sistema  inmunológico decae y por tanto pueden haber infecciones o contagios como la gripe o influenza. Nada grave si eres joven.

¿Qué es el estrés?

El estrés es una relación entre «cargas» versus «resistencia». Imaginemos esta relación con una balanza clásica en donde en un platillo están las «cargas» que debo resistir o soportar, y en el otro platillo está mi capacidad de resistencia. Cuando las «cargas» superan mi capacidad de resistencia, entonces aparecen síntomas.

Pero veamos el lado positivo de los síntomas. Los síntomas que produce el cuerpo son canales de información que te anuncian que las cosas no van tan bien, y que el platillo de la balanza puede ser más pesado que el de las «cargas».

Estas cargas pueden ser definidas como por ejemplo, problemas en el estudio, problemas personales, problemas de relación, problemas familiares, problemas financieros, dudas existenciales, presiones externas, presiones sociales, entre otros. Las presiones o cargas pueden estar afuera, pero lo que es determinante para definir si uno está sufriendo de estrés, es la presión o carga interna. Esas cargas empiezan a crecer hasta que un día superan la capacidad de resistencia y aparecen los síntomas. 

Un síntoma puede ser, dolor de cabeza, dolor estomacal, ansiedad, falta de aire, nerviosismo, insomnio, acidez estomacal, etc. Pero en esencia, un síntoma, como lo dije antes, es información. Como el médico más cercano que tenemos somos nosotros mismos, hay que saber escuchar lo que nos dice nuestro propio cuerpo. 

La cadena del estrés y sus 4 fases.

Otra manera de clasificar el estrés, aparte de la alarma, la resistencia y el agotamiento, es formada por estas cuatro fases.

  1. Percepción.
  2. Comportamientos y hábitos.
  3. Síntomas físicos y psíquicos.
  4. Enfermedad.

1. Percepción.

Lo que llamamos «realidad» o «realidad objetiva», no es la realidad en sí, sino es usualmente mi interpretación de esa realidad; la realidad es «lo que yo creo que es». Para algunas personas ciertas situaciones o circunstancias estresantes, como lanzarse en paracaídas, o hacer puenting o llamado también puentismo (lanzarse atado con liana desde un puente de altura), son emociones muy gratificantes. Para otro tipo de personas pueden ser la antesala a un ataque al corazón.

En otras palabras, lo que para ciertos individuos ciertas experiencias pueden ser gratificantes y no estresantes, para otros esas mismas experiencias pueden ser lo contrario. Para aquellos alumnos que han adquirido métodos de estudio, el reto de una carrera, no es necesariamente muy estresante. Pero para aquellos que no poseen esa disciplina, la situación puede ser definida de manera muy negativa.

2. Comportamientos y hábitos.

Lo primero que sucederá cuando se percibe que se está viviendo (definiendo) una situación estresante, es el cambio de hábitos y de comportamientos. Por ejemplo, el que fuma puede empezar a fumar más porque es una conducta compulsiva empujada por el estrés y la tensión. No es una conducta que substituya al estrés y lo alivie, sino que lo empeora.

El que come, puede comer más, el que consume alcohol puede consumir más alcohol, el que consume drogas puede consumir más de lo mismo. Se trata, entonces de «premiarse» por así decirlo o aliviar la ansiedad, aunque a veces, como el consumo de alcohol o drogas puede conducir a algo aún peor. También puede suceder que la persona que vivencia el estrés, se compense con otras actividades como el deporte o las distracciones que pueden llegar a equilibrar y aliviar la tensión.

Si se logra, y si la situación de estrés finaliza, entonces podemos regresar a la etapa de la percepción en donde la realidad es definida de manera más amigable. Pero si con esas conductas que se tiene no se compensa la sensación de estrés, entonces empieza la manifestación de síntomas.

3. Síntomas físicos y psíquicos.

Cada persona puede mostrar síntomas particulares cuando está bajo estrés. Algunos pueden tener migrañas, otros dolores estomacales, sufrir de insomnio, alteraciones de la concentración o de la memoria, fallas en emitir juicios, o acidez estomacal.

Como se mencionó anteriormente, estos síntomas ya significan entrar a una fase peligrosa pero aún reversible. Finalizar con éxito un semestre de intenso estudio, o solucionar problemas personales o familiares, o dejar de ver las pésimas noticias que aparecen en la televisión, puede ser un comportamiento que revierta la situación estresante.

Alguna vez escuché de alguien que, por ver diariamente las malas noticias que aparecían en la televisión y que le producía una sensación de impotencia, generó en ella una úlcera sangrante en el intestino grueso, que dejó de sangrar cuando dejó de ver las noticias y se dedicó a actividades más placenteras.

4. Enfermedad.

En esta fase se cae en la enfermedad, que puede ser tanto física o psicosomática, o ambas simultáneamente. Las enfermedades psicosomáticas aparecen producto de intensos procesos emocionales, como es el estrés, y que pueden derivar en una depresión. Ello es debido a que hay una suerte de desequilibrio entre el cuerpo y la mente y que provoca la disminución de las defensas. La enfermedad física es otra consecuencia de lo mismo.

Una recomendación.

Los estudios mal llevados son aquellos que se hacen sin orden, sin horarios, sin métodos o hábitos de estudio, no sabiendo fraccionar el tiempo, y menos aún manejar el estrés.

Ciertamente se puede manejar el estrés compensándolo con ejercicios físicos o deportes, o con actividades placenteras y recreativas. Pero cuando no sucede eso, o sea cuando ya se cae en la fase de los síntomas y peor aún en la enfermedad, hay que consultar a profesionales para que detengan el proceso y lo reviertan.

La mejor manera de evitar las enfermedades de cualquier tipo, es presentando una conducta preventiva, o sea, por ejemplo, adoptando una disciplina y métodos de estudio que garantizarán la consecución de la carrera sin serios contratiempos, y sobre todo pudiendo manejar las naturales tensiones para adquirir un título profesional. Para ello puedes contactarme en este Blog para adquirir el manual de métodos de estudio titulado, «Fórmulas de éxito académico. Supera el estrés con métodos y hábitos de estudio», que también se vende a través de esta página web. También puedes pedirme algún tipo de consulta o asesoría.

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